Una Iglesia Viva al servicio de Dios y de su pueblo
Estamos todavía en los inicios de este nuevo año, con muchos deseos de que sea mejor que el año y los años anteriores. Como comunidad de hermanos, por ser hijos de Dios, los miembros de la Iglesia estamos llamados a dar un aporte especial para la vida de nuestro pueblo.
Estamos iniciando una nueva etapa en nuestra historia, con la nueva Constitución Política del Estado y mucha gente ve la necesidad de nuevas formas de vivir y de relacionarnos entre todos, para tener una vida más digna, en el respeto mutuo, la solidaridad y la justicia, con mayor participación de todos, para forjar nuestro destino común hacia un desarrollo humano integral.
Los cristianos sabemos que todos estos principios y valores nos vienen de Dios, de su Palabra, de su plan de salvación para toda la gente y que coinciden con nuestras aspiraciones humanas. Pero pueden quedarse en simples ideales y aspiraciones. ¿Qué nos hace falta para poder acercarnos a ellos y hacerlos realidad en nuestras vidas?
En primer lugar tenemos que convencernos de que no estamos solos en la vida; de que Dios es Alguien que quiere participar en la elaboración de nuestro futuro, es Alguien que está cerca y que quiere acompañar a cada uno y a todos en conjunto.
Dios no es una idea, ni una teoría, es Alguien vivo y cercano, con él que podemos encontrarnos y hablarle y escucharle personalmente. Los que tienen la experiencia de Dios saben que el encuentro con Él es algo fascinante, apasionante y que cambia totalmente nuestras vidas, como sucedió con San Pablo en el camino a Damasco. Los bolivianos necesitamos esa experiencia profunda de Dios para que renueve nuestras vidas, para que nos haga personas y cristianos de verdad.
Necesitamos encontrarnos con Cristo, para renovar nuestra Iglesia, para vivir y llevar a los hermanos la Buena Noticia de que Dios está cerca de nosotros y quiere ayudarnos en nuestras vidas.
Los procesos de cambio que se están intentando y empezando a vivir, sólo van a tener éxito si empezamos desde la base, si les ponemos buenos cimientos. El cimiento de la vida es nuestro Dios, el apoyarnos en Él; necesitamos hacerle tomar parte de la vida de cada uno, de nuestra realidad, abrirle las puertas de nuestras conciencias, escuchar su Palabra, su mensaje, sus consejos; conocer su pensamiento e imitar sus actitudes; hacernos verdaderamente seguidores de Él, sus discípulos, para orientar así el rumbo de nuestras vidas, para poder construir una nueva sociedad en la que Él no esté a margen, sino en el centro.
Recordar todo esto y profundizar en ellos es lo que pretendemos con nuestro nuevo Plan Pastoral Arquidiocesano que se ha de publicar en los próximos días. Siguiendo los impulsos pastorales de Aparecida, en continuidad con el trabajo de nuestra Iglesia en La Paz. Contamos con el apoyo y la colaboración de todos ustedes, hermanos y hermanas, miembros de nuestra Iglesia Católica. Necesitamos encontrarnos de nuevo con Cristo, volver a ser auténticos discípulos, seguidores suyos, y sentirnos fuertemente enviados como sus misioneros, para que nuestra tierra tenga vida, y vida abundante en Él.
Su obispo y amigo
Mons. Edmundo Abastoflor
Arzobispo de La Paz.
Informó Radio Betania FM , 93.9.